Llegué
a las tres de la mañana tras tres días de anfetamina y encendí el ordenador,
estaba
lleno de locos absurdos que compartían videos de refritos de Coelho, Borges y
media generación Beat,
remezclados
con grandes éxitos Disney y psicología de bolsa de patatas chips.
Desde
su ratón de plástico, clic izquierdo y para todo un mundo de desconocidos,
entre
cuatro tabiques de dos capas y doble ventana, aislante térmico y contra el
ruido,
entre
las sabanas del anonimato y la webcam tapada con esparadrapo de “por si acaso”.
Subiendo
propaganda con sus ediciones de video de tutorial “full más crack”,
sobre
la verdad del amor, la importancia del contacto y los seres queridos.
Como pájaros
azules en jaulas pasando a través de los barrotes notas revolucionarias,
sobre
lo libres que son en sus celdas, invitando a desconocidos a picotear los
barrotes,
y a
romperse los picos en nombre de la ideología correctamente impuesta por la moda.
Fotografiaban
con aparatos de oferta planta segunda “yo no soy tonto” cualquier cosa,
con
doce filtros que convertían cualquier cosa en una obra merecedora de marcos y
etiqueta,
y la
subían desde su ratón de plástico, clic izquierdo y para todo un mundo de
desconocidos;
con una
marca de agua sobre la foto de una montaña que tapaba la montaña y tapaba el
marco.
Compartían,
les gustaba o no les gustaba, y todo el mundo sabía el nombre del fotógrafo,
el
nombre de la foto, el nombre del filtro y como se ponía el marco, pero nadie sabía de qué coño era la
foto.
Los nuevos
maniquíes del territorio vaquero a través de filtros polarizados vendían,
negociaban
y regalaban la imagen de su propietario al teclado falsificada por 300 megas de bajada,
construida
por todo aquello que querían ser después de que les dijeran lo que tenían que
querer ser,
después
de meterlos en el baño María de la hipocresía capitalista y ahorcarlos con la
oferta y la demanda,
la
demagogia, ADE, el producto y el subproducto, que la policía es un trabajo fijo
y permíteme que insista,
la
mejor cuenta es naranja, la mejor comisión no tiene comisiones y la baja
voluntaria y la parte contratante,
y la
sola idea de que en el futuro habrá que venderse a uno mismo en expendedoras,
como un
refresco rojo y blanco y su bandera y el hígado inflado de azúcar de lo dulce
de sus tiempos.
Y
picaban, y compraban, y “Mac es mejor que Windows” y es más “cool” una manzana
que una ventana,
y
compartían sus compras, desde su ratón de plástico, clic izquierdo y para todo
un mundo de desconocidos,
sus
posesiones y sus ediciones limitadas, y todas las cosas imposibles en las que
tuvieron posibilidades.
Abandonaban
botellas de fibra óptica en la red con la imagen de ellos mismos creada por
ellos mismos,
y
subtitulaban sus “ripeos full hd” con la excusa de compartir cultura para
vender su cine y ser película,
protagonizando
con su triste vestido la generación más mentirosa que se puede tener delante,
creían
ser casi siempre tan maravillosos como la imagen de ellos mismos que se habían
inventado,
cambiando
sus ideales cuando otros ideales generaban más visitas, “más likes”, más reproducciones,
y luego
protestaban y criticaban y maldecían y analizaban y enseñaban y ocultaban y me
di cuenta,
y
entonces vi lo que pasaba y escribí esto como si fuera un aviso y le puse una
imagen y una firma de agua,
con mi
nombre bien grande y en el fondo una montaña y que se viera mi equipo de oferta
y ultima versión,
y un
par de frases de otro, mezcladas , con mi ratón de plástico, clic izquierdo y
para todo un mundo de desconocidos, y en un post it escrito con edding y la miré obnubilado y me odie por momentos y apague la pantalla
y vi mi reflejo y me invadió la rabia,
y
reventé el monitor de un cabezazo, saboree el plástico y me limpié el plasma de
los labios con la manga,
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